Para él, vivir enojado parecería que fue su mejor pasatiempo. Nada le parecía bien, nada le era bueno. Según él, todo había perdido su encanto.
Discutir y pelear era lo normal en todo momento. No había alegría que no destruyera. Repartía infelicidad aun sin querer hacerlo. Y lo peor de todo, era que a veces decía, que disfrutaba al hacerlo.






