5 sept. 2011

Cuando la vida parece que será eterna


Esta mañana, mi nieto me comento que construiría una maquina del tiempo para viajar a la prehistoria y jugar con los dinosaurios. Si lo consigue, le pediré que me lleve con él pero que a mí me deje en mi infancia. No tengo nada contra el periodo jurasico, pero no me parece, ni por asomo, tan emocionante como la niñez, un mundo en el que todo es posible.

Es cierto que la infancia tiene sus desventajas, hay que hacer deberes escolares, ayudar en las tareas domesticas y soportar hermanos que no tienen noción del territorio. Sin embargo, los niños son en general afortunados; si encuentran una moneda en la acera, se sienten ricos; si se topan con una piedra con aspecto extraño, se sienten exploradores; si dan con un hormiguero o un agujero de tarántulas, se sienten Dios.

A los niños jamás les remuerde la conciencia porque hayan comido demasiado o porque hagan poco ejercicio, y pueden correr desnudos por el jardín sin preocuparse -ni un instante- por lo que vayan a pensar los vecinos de sus piernas regordetas.

Cuando un niño se enferma, no tiene que ir a la escuela y puede ver la televisión todo el día atendido por mamá. Cuando recibe correspondencia siempre son buenas noticias: cartas de amigos, revistas, tarjetas de felicitación, premios.

Para los niños, la muerte es caerse, levantarse y seguir jugando. Para ellos la vida es eterna.

Y en cierto sentido tienen razón. Cuando se vive, se juega, se llora y se ama sin pensar en el futuro -como hacen los niños- el tiempo no existe, solo las maquinas del tiempo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...