30 dic. 2011

Historias de la revolucion mexicana


De ese Urbina (el compadre y lugarteniente de Pancho Villa) se contaba que invitó a comer a un compadre que acababa de vender unas mulas. 


Y a los postres, Urbina, ya borracho, seguía brindando mientras enlazaba con el brazo derecho la espalda de su compadre. 

Hacía calor y el compadre se llevó la mano a la bolsa de atrás del pantalón, para sacar la “mascada”, pañolón colorado de los rancheros. 

Urbina, en su delirio de sangre y alcohol, imaginó que el compadre sacaba la pistola y adelantándose, sin dejar de abrazarlo, con la izquierda le perforó de un tiro el corazón. 

Cayó el compadre muerto, y cuando lo extendieron sobre el pavimento, en su mano crispada sólo apareció el pañuelo… 

Viendo lo cual, Urbina se echó a llorar y decía:

-¡Pobrecito de mi compadre! Es que ya le tocaba…

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